«El debut»

Se nos ocurrió, entre nervios y mates, chusmear por internet el diario local y ver si decía algo. Había llegado la mañana de la tarde del primer taller, al que le dimos el OK luego de noches de análisis y discusiones. Advirtiendo que estábamos en plena pretemporada, aceptamos la invitación de la secretaría de Cultura de la municipalidad de Pergamino, que nos sumaba así a las actividades organizadas para las vacaciones de invierno.

Las risas, que escondían más nervios y ansiedad, llegaron cuando leímos un ínfimo renglón que nos nombraba de una forma no muy prometedora: «Sólo quedan lugares para el taller de Hilando América».

Existimos! Salimos en «La Opinión»! Pero… no se anotó nadie!

Repasamos una y otra vez la introducción del taller: una breve historia de brujas y animales del bosque, ilustrado con las figuras de hilos que van apareciendo en el cuento. Peces, gatos, palmeras y diamantes, se entrecruzan para mostrarles a los chicos, el mágico mundo que envuelve un cordel.

Tomamos aire, nos colgamos los más de 60 hilos en nuestros cuellos, y salimos caminando al ferrocarril, donde se hacía la jornada. Al llegar, una hora y media antes de la cita, no por ansiosos sino para realizar un estudio de campo, vimos que el taller estaba pautado para las 15hs, pero que al final lo haríamos a las 16hs. El tema fue que el espacio a esa hora estaba ocupado, por lo que podíamos comenzarlo a las 17hs. Pero no podíamos hacer esperar a los quince valientes que se habían anotado a «Hilando América», de los que sólo quedaban una familia y un par de peques dando vueltas por ahí. Acomodamos las sillas en el andén y nos largamos a enredarnos. A mitad del taller, se fueron sumando más padres y chicos, y todos terminaron haciendo la «pata de choike», y varias estampas más. Dimos terminado el encuentro tras varios nudos y satisfacciones por las figuras logradas, pero allí seguían sentados, ayudándose, grandes y niños, recordando el espíritu legendario del juego de hilos, que cuenta de los abuelos rodeados de hijos y nietos, dibujando con sus dedos la sabiduría de la naturaleza.

Los organizadores del evento, Juanfer y Capu, nos pidieron la gauchada de que repitamos el taller luego de que Hernán Lira, número uno en juguetes de madera, terminara su presentación de marionetas. Dijimos que si, sin saber lo que hacíamos.

El taller, pensado para un máximo de 20 chicos de entre 6 y 12 años, mutó ya antes de comenzar, en un show para 70 personas de todas las edades. Nuevamente la bruja de «sombrero gigante» se topó con «el mosquito» y la «mariposa», pero esta vez con los hilos que temblaban más de la cuenta. «Y así, todos los animales volvieron al bosque, con una ‘sonrisa’ de oreja a oreja», entonamos a la par y brotaron los aplausos, cosa que nunca pensamos que podía suceder.

Más tranquilos, continuamos explicando figuras, sus pasos, de donde provienen y las comunidades que las realizan. Todo en un hermoso caos de manos enredadas a lo largo y ancho del salón. Los más chiquitos, rodearon a Noe y no la soltaron más. Los más grandes, más enganchados y con menos paciencia que los pequeños, pedían rápido asesoramiento. Luego de hora y media de cordeles y trucos de magia, entregamos las libretitas donde están las explicaciones para que sigan jugando en sus casas, y volvimos a la nuestra, ya sin hilos en los cuellos y agotados, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

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Un comentario

  1. Felicidades me disfruto cada figura y es un reto poder hacerlo.

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