«Pies descalzos»

Se cruzaron dos lindas mujeres y salió algo hermoso. Noe llenaba de mariposas hiladas el Festival de las Almas, que revoloteaban sobre las cabezas de los pequeños, cuando apareció Gemma, mujer y madre a la que le pareció una buena idea invitarnos a dar un taller con los chicos de la secundaria del colegio Vostok, cuya misión es “ser una institución educativa de excelencia, formadora de niños y jóvenes íntegros, talentosos, competitivos, solidarios e innovadores…”, donde concurre una de sus hijas.

Empapados del tramposo “ahorita volvemos”, vimos muy lejana la posibilidad de que llegue el mail prometido a nuestra casilla. Pero dos lindas mujeres se cruzaron, y tras varios cruces de correos y llamados, pusimos primera y seguimos los carteles que decían Toluca. Nos perdimos, nos encontramos, nos volvimos a perder y nos reencontramos con la ciudad primero y luego con Gemma, quien nos recibió con una sonrisa que sólo desapareció unos segundos antes de la despedida. Visitamos el colegio que implementa el sistema educativo finlandés, ese que rankea primero, y allí nos largamos. Pero descalzos, porque al sentirnos inseguros agudizamos los sentidos y estamos más propensos a percibir cosas nuevas. O algo así. El grupo era inmenso al igual que la sala. Rompimos los formalismos enredando parejas que deben desenredarse y las risas y gritos llegaron antes que las patas de choike. Las maestras y autoridades también se sumaron, mientras que Gemma y María Fernanda, una de sus tres hijas, compartían los hilos y los flashes.

Al esperar al director del establecimiento, nos pusimos a charlar con una simpatiquísima mujer que trabajaba en la recepción del colegio. Al ver los hilos sobre nuestros cuellos, no dudó un segundo en pedirnos uno y comenzar a mostrar las figuras que sabía hacer. ¡Y eran muchas! Sólo después de brindarnos una sinfonía hilada, nos comentó que su padre, oriundo de Michoacán, es un gran hilandero que les enseñó a jugar cuando eran niños. “Ahorita lo llamo y le cuento que hay dos chavos que están haciendo estos talleres, se va a poner muy contento”. Nos abrazamos fuerte y partimos hacia la linda casa de Gemma, donde en el día, tarde, noche y mañana que estuvimos, nos esperó siempre rica comida, sonrisas, abrazos, excelentes imitaciones de nuestra tonada, buena vibra y esas amistades que no conocen de tiempos ni de fronteras.

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