Mañanas en el Valle

Lugar: Ciudad de Guatemala.
Fecha: Febrero de 2016

La maestra Ana Elizabeth viene a las corridas y nos pide por favor que le expliquemos el pez. La miramos con recelo. Ya llevamos tres talleres al hilo (justamente) y sólo tenemos quince minutos de descanso antes de comenzar el cuarto. Entonces nos explica: un alumno no le enseñará el mosquito si ella antes no lleva aprendido lo que los navahos llaman “cabeza de flecha”.
Afuera de la sala de profesores, nuestro refugio, una decena de niños pegan su ñata contra el vidrio esperando que salgamos para que le mostremos más estampas y enseñarnos las que ellos inventaron.
En la reunión de maestras el orden de temas a tratar pasa a un segundo plano. Hay muchos serruchos, estrellas, montañas y trucos de magia que adquieren el carácter de asunto extraordinario y hasta que todas no memoricen los movimientos necesarios no se pasará a los siguientes asuntos.
Los cinco talleres pautados con el reconocido Colegio Valle Verde de Ciudad de Guatemala pasan a ser veintinueve y toman forma de conferencia con los alumnos de la secundaria. Videos, historia, proyecciones, práctica y figuras colectivas captan la atención de los adolescentes que se divierten como los niños que intentan dejar de ser.
Claudia, nuestra amiga, paisana y coordinadora de actividades culturales del colegio (y muchas cosas más), movió cielo y tierra para que Hilando América trabaje con toda la institución, batiendo así los récords y haciendo saltar por los aires el Excel que llevamos: 1013 alumnos en algo más de dos semanas de trabajo. Clau es ante todo una profesional que quiere que todo salga perfecto. Por eso ya sabe que tiene que estar muy atenta. Se ubica en la posición indicada y comienza a escuchar el cuento que ilustramos con figuras. El mosquito ya va a entrar en escena. Ella lo sabe y Aruma también, que da marcha a su risa. El zancudo finalmente molesta a la bruja y Aru explota a carcajadas. Los niños ríen con ella y todos se olvidan del cuento. Claudia corre con la carriola y desaparecen las dos. Aruma es expulsada nuevamente. En los casi treinta talleres, en las dos semanas, se mató de risa. Volverá al salón saludando minutos después o ya la veremos en el taller siguiente, quien sabe.
Los maestros nos cruzan en los pasillos y en la sala de profesores. Nos felicitan, nos muestran lo aprendido y nos vuelven a felicitar: no pueden creer el enganche de los chicos con la actividad. También aparece la otra cara de la luna: muchos hilos serán secuestrados, otros serán premio por buen comportamiento.
Van varios días de talleres. Y hace rato que realizamos la jornada con su curso. Pero siempre en los recreos la vemos sentada en el mismo lugar, junto a dos o tres amigas que la miran maravilladas mientras comen su viandita. Ya no lleva nuestro lacito sino una lana más larga. Las figuras que aprendió no la sabemos nosotros ni por casualidad. Sus dedos tejen dibujos extraordinarios.
El profe de ciencias participa del taller con los más grandes y nos pide el favor de que le pasemos información sobre la relación de las figuras de hilos y la astronomía, para que la Pleyades, la Cruz del Sur y el Cinturón de Orión se aprendan tejiendo.
Los chicos de sexto grado no la tienen fácil. Les toca el taller con los de primero y entonces ellos serán nuestros ayudantes. Trabajan en pareja con los patojos. Su paciencia y respeto es admirable. No sabemos cómo agradecerles y para colmo son ellos los que al finalizar el taller nos regalan una carta con dibujos de manitos y dedos tejidos con un espectacular CD repleto de marimba, por ellos ejecutada.
Vamos y venimos por los pasillos del colegio como si fuese el Delfín. Los chicos continúan persiguiéndonos y “chineando” a Aru. Noe va hasta el baño y le pide por favor a las cinco niñas que la acompañan que la dejen cerrar la puerta.
El cariño de las maestras –con Thelmita y Claudia a la cabeza– y el de esos miles de patojos fue increíble. Su respeto también. Los momentos y anécdotas siguen apareciendo pero hay que cerrar esta crónica. Porque de todas formas no alcanzarán nunca las letras para agradecerles las mañanas compartidas.

2 comentarios

  1. Noe y Lío, una delicia leer sus andanzas en Guatemala. ¡Felicidades por este trabajo excepcional! Puedo imaginar perfecto la cara de niños y profesores ante la maravillosa experiencia de hilar. Un abrazo fraterno

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