Clau, nuestra madrina, amiga y managger en tierras chapinas, no tuvo mejor idea que invitar a la directora del prestigioso Colegio Internacional de Guatemala a la tanda de talleres que hicimos con nuestros amigos del Valle Verde. Por primera vez, tejía junto a los pequeños hilanderos alguien que nos podía dar trabajo, que siempre se traduce en comida, gasolina y, desde hace unos meses, en pañales.
El taller gustó y a los pocos días ya estábamos en el CIG, donde en una mañana hicimos cinco encuentros con más de 120 niños, rodeados de un cariño y un respecto grandísimos.