«Imaginar sin tecnología»

Fechas: 6 y 7 de Octubre de 2015.
Lugar: Colegio San Pablo, Pergamino, Buenos Aires, Argentina.

A fines de octubre del año pasado también andábamos por acá, con los nuestros de toda la vida. Engordando, dilapidando los tímidos intentos de veganismo, brindando una y otra vez. Aquella vuelta necesitábamos recargar pilas y olvidarnos por un par de meses de los pinches mecánicos. En esta ocasión, la culpable de romper todos los pronósticos y que nos hayamos convertidos en improvisados revendedores de artesanías fue Aruma. Diferentes motivos y etapas pero siempre la misma trinchera de amigos y familia para desensillar, aclare o no.
Y hace casi un año íbamos por la despedida número diez, cuando el teléfono mexicano se alumbró avisando que Santos llamaba desde el Facebook. Toda la secuencia nos sorprendió. La tardía hora, que se pueda llamar desde Facebook y que Santos, el hilandero más comprometido del Colegio San Pablo, nos pegara un singular tubazo para contarnos con mucha timidez, orgullo y un dejo de fastidio que luego de una semana de ardua chamba finalmente le había salido “el perrito”, una de las figuras más difícil de nuestro repertorio y que no nos llevó siete días aprenderla, sino más de treinta.
Santos iba a cuarto o quinto grado y la seño abrió los ojos más que Aruma cuando escuchaba que nuestro amigo pedía a gritos silencio a sus compañeros. “Te voy a traer los hilos todos los días”, le dijo la Miss, viendo que esos inquietos dedos enredados por fin participaban en clase y prestaban atención.
Pasó un año y otra vez el Colegio San Pablo nos dio la chance de volver a tejer con nuestros cuates. Esta vez con toda la primaria, donde los chicos de primer y segundo grado fueron apoyados por los compañeros de primer año de la secundaria, viejos hilanderos, en una jornada maravillosa donde la generosidad y la solidaridad de los más grandes enterró cualquier sospecha de caos y debacle. Nos abrazamos con Santos, aparecieron hilos viejos, el recreo volvió a ser la excusa para que los talleres continuasen y para que aprendamos de ellos nuevas figuras. Transpiramos cuando los pequeños de tercer grado ya sabían todas las figuras que teníamos pensado enseñar, siendo que con ellos no habíamos tenido un encuentro el año anterior. Recordamos así que hermanos y amigos son buenos maestros y fenómenos boicoteadores. Por suerte y con semejante destreza suelta, hicimos figuras impensadas para niños de esa edad.
Realizamos figuras colectivas, trucos nuevos, repasamos figuras clásicas. Al igual que Aruma, reímos y gritamos. Nos paramos arriba de los bancos, volvimos a reír y a aprender en el desorden propio del que crea jugando. Y en un recreo rodeados de lazos apareció la gran Isabel para mostrarnos algo que nos hizo emocionar y mucho, y que justifica que no estemos durmiendo ahora que el reloj marca más de las doce. Por primera vez en más de ciento treinta talleres, Hilando América llegó a los cuadernos. Presente tanto en las clases –con lazos confiscados en varias escuelas– como en los recreos, en esta oportunidad los hilos se transformaron en lápices de colores y en preguntas y respuestas. La materia Ciencias Sociales fue la excusa perfecta para dibujar El Delfín, para descubrir un modo de jugar más sano y “al aire libre”, “para traer al futuro los juegos del pasado”, “para hacer trabajar la mente”, para “compartir con tus amigos y a imaginar sin la tecnología”, para “saber que hay otras formas de conseguir lo que queremos”. En definitiva y como sentenció Francesca, “para que todos podamos crear, imaginar y respetar las diversas miradas que tenemos sobre el mundo”.

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