Hilos del alba

Ya habíamos pasado junto al Flaco por esa casona colonial, enorme, de película. Y la cámara casi que gatilló sola: la mujer, vestida de seguridad, mirando a la nada mientras pitaba un cigarro, destilaba caribe. Atrás, Hugo abrazando a un niño, sonriendo, bajo la protección y mirada seria de Simón.
De tanto caminar La Habana, llegamos al departamento de Otto, ubicado en el pintoresco barrio El Vedado. Cineasta de larga trayectoria, compañero y amigo de viajeros como Moni, nos recibió acompañado de su mujer y convidándonos un delicioso café y unas ricas galletas. Compartiendo, como buen cubano.
Con las piernas más descansadas, les explicamos que estábamos con nuestro proyecto social, pero que allí se nos complicaba trabajar con las escuelas porque las respuestas de los directores tardaban más que nuestra estadía en el lugar. Fue entonces que nos contó, luego de anécdotas desopilantes como la vez que viajó a Rosario a filmar un documental del Che sin videocámara y tirándose en la escala que era justamente la tierra que vio nacer a Ernesto, para ahorrarse los kilómetros y pesos que significaba aterrizar en Ezeiza, que llamáramos a la Casa Simón Bolívar, que sabía que se dictaban talleres, que lo conocían y que los tiempos eran como los nuestros, inmediatos.
Le prometimos hacerlo, pero continuamos caminando, recorriendo la isla, conociendo a sus gentes, aceptando cafés y apretujándonos en abrazos. Los días pasaron volando, las tardes se llenaron de arena y sal. Las noches, acompañadas de cubatas, intentaron seguir con la mirada el indescifrable e hipnotizador ritmo caribeño.
Sin embargo, faltaba algo en ese paraíso afrocubano. Y ese algo era un buen taller de hilos en un hospitalario barrio de Trinidad, que llegó gracias a las ganas de Juancito y Xiomara y a la gestión de los chicos de la cuadra, que fueron avisando casa por casa, amigo por amigo.
Ya de vuelta por La Habana y a poquitos soles de emprender la vuelta, las ganas de repetir la hermosa experiencia de días atrás, nos recordaron las palabras de Otto. Con sombreros y mucha agua, salimos rumbo a la Casa Simón Bolívar, donde nos reunimos con su directora y otros cuates. En pocos minutos ya estaba pautada la actividad, el lunes que viene, en el horario del taller de fotografía que dicta Jorge.
Y ese lunes llegó pronto. Y conocimos al gran Jorge, fotógrafo de aquellos, que luego de un par de correos y gestiones, consiguió varias cámaras para enseñarle a los chavitos el lindo arte de escribir con luz. Y mientras los niños llegaban y se acomodaban, Jorge nos enseñaba las producciones por ellos realizadas. Nos quedamos boquiabiertos y estuvimos a punto de cancelar el taller de hilos y tomar el de fotografía. Entre risas, acordamos que la última media hora de la jornada fuera destinada a las fotos que ellos tomasen realizando sus figuras y manos a la obra.
Ya estábamos por comenzar cuando llegó un niño con su madre. Jorge nos presentó y le comentó rápidamente qué andábamos haciendo. La mujer escuchó atenta y al segundo nos invitó a que, luego del taller, corriésemos a Habana Radio, la emisora donde trabajaba para hacernos una entrevista.
Al minuto de empezar vimos que la directora y demás personal de la casa se sumaron al taller. Nos miramos y sin decirnos nada compartimos nuestros nervios, que duraron lo que tarda en salir una pata de gallo: todos ellos fueron niños en ese rato.
La hora de cierre había llegado pero las cámaras seguían fotografiando peces y estrellas. Jorge enseñaba otros trucos que ahorita nosotros usamos. La gente de la casa nos pedía las figuras más difíciles. Dejábamos la casa más venezolana de toda Cuba rodeados de abrazos, buenos augurios, avales y la promesa de que en Venezuela ya nos están esperando para continuar hilando por la patria grande.

3 comentarios

  1. ¡Felicidades! La verdad veo las fotos y me da una envidia. ¡Me habría encantado compartir con ustedes este taller! Tantas habilidades y destrezas que desarrollan los niños y tan poca apertura de las escuelas y otras instituciones…
    ESpero que esta semilla se siembre cada día y llegue más lejos…

Responder a Marce García Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.