El compañero Osvaldo

El compañero Osvaldo vive en Miahuatlán y da clases en una primaria en Mongolí, pueblito rural al que llega madrugando y viajando diariamente treinta minutos en el “colectivo de los maestros”, una chata que toma en la estación de servicio y que lo lleva por la ruta en lo que es una invitación para la otitis y la gripe. Osvaldo es uno de los dos maestros de esta escuelita “bidocente” que lleva adelante el formato multigrado. Un docente por grado, chavos de siete a doce años en el curso.
Antes de dormir en la casa de Osvaldo luego del taller en el jardín de Lola, platicamos acerca de la reforma educativa que llevó a cabo el gobierno mexicano, de la lucha de la sección 22 de Oaxaca, del plantón, y de los más de treinta años de su madre como maestra de secundaria. Fue ella la que recordó que su padre no le enseñó el zapoteco porque por ese tiempo había unos españoles que prohibían que se hable en esa linda lengua. Y fue Osvaldo el que nos contó que en el pueblo los gallos cantan cada hora comenzando a la medianoche, y que la gente de por allí se levanta cuando el gallo grita por tercera vez.
Bebimos el café de olla, llegamos a la estación de servicio y esperamos el colectivo de los maestros. Nos bajamos cerca de la escuelita y el comité de padres nos esperaba con el desayuno: un rico y calentito guisado de pollo para comenzar con pilas la mañana. Fueron aterrizando los tímidos chavitos mientras que los profes Fani y Osvaldo hacían de porteros, directores y maestros.
Si bien Hilando cuenta con juegos rompehielos para relajarnos y entrar en confianza, siempre contamos con la pelota del recreo anterior al taller, para gambetear muchas piernas incansables o un avioncito o monito (rayuela), para saltar en una pata al compás de las risas. Esta vez no fue la excepción y el pollo saltaba en nuestras barrigas hasta que comenzamos a sacar de nuestras manos diamantes y caras de vaca. Los más pequeños fueron ayudados por los más grandes mientras que Osvaldo y Fani fueron dos chicos más. Todo salió de maravillas hasta que en un momento reinó el caos. Se nos ocurrió enseñarles a profes y alumnos el “mosquito”, y estos insectos picadores tomaron vida y volaron detrás de los chicos, y detrás de los grandes que fueron chicos, con la intención de picar. Todos corriendo a lo largo del patio de esa hermosa escuelita, la que sostienen sólo dos maestros que ponen el lomo y apuestan a la educación de todos los chavales.

2 comentarios

  1. hola, soy docente en escuelas primarias, pùblicas en una ciudad pequeña pero que crece dìa a dìa. Me encantò la propuesta lùdica, quiero saber màs. Abrazo!

    • Hola Mirta! Que bueno que te haya gustado el proyecto! En el face estamos como «Hilando América NoeyLio» y ahí también vamos subiendo experiencias. Seguimos en contacto, abrazos!!

Responder a noeylio Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.