Adiós Centroamérica

Son días de carretera, de dormir en las banquinas, de desconfiar de los mecánicos. De Boquete a Ciudad de Panamá hay un largo tirón y el Delfín sigue enojado y mojado. Por eso a cincuenta kilómetros de llegar al objetivo de cruzar el Puente Las Américas y conocernos y abrazarnos con María y Fernando (genios totales!) dice basta y en una gasolinera repetimos la historia de San José de Costa Rica, pero esta vez sin Heiner y su pandilla para darnos una mano y un corazón enorme. Buscamos un mecánico que afirma solemnemente que hay que desarmar medio motor. Pero se nos va el barco, se nos va el avión y no podemos dejar esperando a los 117 niños del CEI Montessori  que aguardan por nosotros al día siguiente. El calor al lado de la interamericana es terrible como el sarpullido que le da a Aruma, vikinga de altura, de frio chiapaneco. Gracias a María, aparece un nuevo mecánico que afloja un par de tornillos y el Delfín vuelve a trotar. Nos perdemos y el abrazo con María se hace esperar. Por eso, cuando ella nos encuentra a nosotros respiramos aliviados y festejamos con mate.
Y festejamos después con Lorena, Misael y todos los chicos del Montessori los últimos y divertidísimos encuentros repletos de historias, magia y estampas antes de decirle adiós a Centroamérica.

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